¿Te ha pasado que coges el móvil un momento para mirar una cosa y, cuando levantas la cabeza, han pasado cuarenta minutos? A mí me parece especialmente curioso porque muchas veces ni siquiera estamos haciendo algo que nos interese de verdad. Entramos a Instagram, miramos un par de vídeos, contestamos un WhatsApp, abrimos el correo, volvemos a Instagram/Tiktok… y así, sin darnos cuenta, se nos va un trocito de la tarde.
Y lo peor es que muchas veces no sentimos que hayamos descansado.
Al contrario. Dejamos el móvil sobre la mesa y tenemos esa sensación de haber estado ocupadas, pero sin haber hecho realmente nada que nos apeteciera hacer.
El problema no es el móvil en sí. Nos facilita muchísimo la vida, nos permite hablar con personas que están lejos, consultar cualquier cosa en segundos y hasta entretenernos cuando tenemos cinco minutos muertos. El problema aparece cuando el móvil ocupa todos esos pequeños espacios del día que antes eran nuestros.
Esos diez minutos tomando un café. El rato después de cenar. Una mañana de domingo. El trayecto en transporte público. Esos momentos en los que simplemente estabas contigo misma.
Por eso, si últimamente sientes que pasas demasiado tiempo mirando la pantalla y quieres desconectar del móvil y pasar más tiempo contigo misma, no necesitas convertirte en una persona que deja el teléfono en un cajón durante todo el día.
Se trata de recuperar pequeños momentos que vuelvan a pertenecerte.
Y, curiosamente, ahí puede empezar a cambiar bastante tu día. 📱➡️☕
¿Por qué nos cuesta tanto desconectar del móvil?
Creo que aquí hay algo importante: muchas veces pensamos que utilizamos el móvil porque queremos.
Pero no siempre es así.
Hay momentos en los que lo cogemos casi automáticamente. Estamos esperando que hierva el agua y miramos las redes. Estamos viendo la televisión y cogemos el móvil. Nos metemos en la cama y pensamos que vamos a mirar una cosa antes de dormir… y media hora después seguimos deslizando el dedo.
El teléfono se ha convertido en una especie de comodín para cualquier momento de aburrimiento.
Y eso hace que nos cueste muchísimo estar simplemente haciendo una cosa.
Por ejemplo, imagina que estás tomando un café sola. Antes quizá habrías mirado por la ventana, pensado en lo que tienes que hacer durante el día o simplemente disfrutado del café. Ahora es muy fácil sacar el móvil casi sin pensarlo.
No es que ese café sea aburrido. Es que hemos acostumbrado a nuestro cerebro a recibir estímulos constantemente.
Por eso, para desconectar del móvil, no basta con decirnos “voy a utilizarlo menos”. Es mucho más efectivo empezar a crear alternativas.
Porque si quitas el móvil y no sabes qué hacer con ese tiempo, probablemente acabarás volviendo a cogerlo.
Empieza por identificar cuándo utilizas el móvil sin necesitarlo
Antes de poner límites, fíjate un poco en tus propios hábitos.
No hace falta que hagas un estudio sobre tu vida digital. Simplemente presta atención durante un día.
¿En qué momentos coges el teléfono?
Quizá lo miras nada más despertarte. O mientras desayunas. Puede que lo tengas al lado mientras trabajas o haces las tareas de casa y lo consultes cada pocos minutos.
También puede ocurrir que lo utilices especialmente por la noche.
Este último caso es bastante habitual. Terminas todo lo que tenías que hacer, por fin te sientas en el sofá y piensas: “Ahora voy a descansar un rato”. Pero en lugar de descansar, acabas pasando una hora mirando vídeos o redes sociales.
Y cuando llega la hora de acostarte tienes la sensación de que el día se ha terminado sin que hayas tenido ni un minuto para ti.
Detectar estos momentos es importante porque no necesitas reducir el uso del móvil en todas las situaciones. Puedes empezar por una o dos que realmente estén robándote tiempo.
Elige dos momentos del día sin móvil
Una de las formas más sencillas de empezar es establecer dos pequeños momentos diarios en los que el teléfono no forme parte del plan.
No tienen que ser dos horas.
Pueden ser veinte minutos.
Por ejemplo:
- Desayunar sin mirar el teléfono.
- Tomar un café por la tarde sin pantalla.
- Hacer la rutina de noche sin móvil.
- Leer durante media hora.
- Dar un paseo dejando el teléfono en casa, si te resulta práctico.
- Ver una serie sin estar mirando Instagram al mismo tiempo.
Lo importante es que sean momentos que puedas mantener.
Porque decir “a partir de ahora voy a utilizar muchísimo menos el móvil” suena estupendo el domingo por la noche, pero probablemente el martes ya habrás vuelto a tus hábitos habituales.
En cambio, decidir “durante el desayuno no voy a mirar el teléfono” es algo mucho más concreto.
Y cuando consigues mantenerlo unos días, puedes añadir otro momento.
Recupera el placer de hacer cosas sin mirar una pantalla
Aquí está, para mí, una de las partes más bonitas de todo esto.
Cuando empiezas a dejar pequeños espacios sin móvil, necesitas recordar qué te gusta hacer cuando nadie te está diciendo qué mirar.
Y quizá descubras que tienes más opciones de las que pensabas.
Puedes leer unas páginas de un libro, escribir en un cuaderno, ordenar tranquilamente un cajón, preparar algo rico para merendar, cuidar tus plantas, hacer una mascarilla, escuchar música, empezar algún hobby, cocinar una receta que tengas pendiente o simplemente sentarte en el sofá con un café.
Y sí, también puedes no hacer nada.
Esto último parece bastante difícil actualmente.
Tenemos tan interiorizado que cualquier momento libre tiene que llenarse con algo que incluso descansar puede hacernos sentir culpables.
Pero estar diez minutos mirando por la ventana no es perder el tiempo.
Es simplemente estar.
Ten preparada una pequeña lista de alternativas
Si sabes que vas a tener la tentación de coger el móvil, facilita las cosas.
Por ejemplo, puedes dejar un libro en la mesita del sofá, tener una libreta bonita junto a la cama o preparar una cesta con algunas cosas que te apetezca utilizar en tus ratos libres.
Aquí es donde algo tan sencillo como un cuaderno para escribir o un diario puede marcar la diferencia. No necesitas escribir tres páginas cada noche. Puedes apuntar qué te ha gustado del día, algo que tengas en la cabeza o simplemente cinco cosas que quieras hacer durante la semana.
Si quieres hacerlo más fácil, también puedes tener un pequeño marcapáginas, una vela o algún detalle que convierta ese momento en algo que realmente te apetezca.
La idea no es crear una rutina perfecta de autocuidado.
Es hacer que coger un libro o sentarte a escribir resulte más atractivo que abrir una aplicación por inercia.
Pon el móvil físicamente lejos de ti
Este consejo parece demasiado sencillo, pero funciona bastante bien.
Si estás en el sofá y el teléfono está justo al lado de tu mano, cogerlo requiere cero esfuerzo.
Si está en otra habitación, tienes que levantarte.
Y esa pequeña dificultad puede ser suficiente para que pienses: “Bueno, tampoco necesito mirarlo”.
Puedes dejarlo cargando en otra habitación cuando estés en casa, especialmente por la noche.
También puedes ponerlo dentro de un cajón mientras comes o durante ese rato que has decidido reservar para ti.
Incluso puedes utilizar un despertador tradicional para evitar tener que dormir con el móvil en la mesita.
Esto puede parecer una tontería hasta que descubres que tener el teléfono al lado de la cama significa que lo miras nada más despertarte.
Y empezar el día viendo mensajes, noticias y redes sociales antes incluso de levantarte puede hacer que tu cabeza entre directamente en modo “tengo que atender cosas”.
Tu mañana puede empezar de otra manera.
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No conviertas cada rato libre en tiempo de pantalla
Hay una pregunta que merece la pena hacerse:
¿Qué hago cuando tengo cinco minutos libres?
Porque esos pequeños momentos son los que, sumados, pueden convertirse en muchísimo tiempo.
Cinco minutos mientras esperas que termine la lavadora. Diez mientras preparas la comida. Quince antes de salir de casa. Veinte después de cenar.
No necesitas llenar todos esos huecos.
Puedes mirar por la ventana, escuchar una canción, preparar un té, recoger tranquilamente una habitación, estirarte un poco o simplemente sentarte.
De hecho, puede ser interesante recuperar el aburrimiento.
Sí, el aburrimiento.
Ese momento en el que no está pasando nada y tu cabeza empieza a divagar. De ahí pueden salir ideas, recuerdos, soluciones a problemas o simplemente una sensación de descanso que no consigues cuando estás consumiendo contenido continuamente.
Prueba una tarde sin redes sociales
No te voy a proponer que desaparezcas de Internet durante una semana.
Puedes empezar con algo mucho más sencillo: una tarde.
Por ejemplo, desde que terminas de trabajar o tus obligaciones hasta después de cenar.
Durante ese tiempo puedes utilizar el móvil para cosas necesarias —una llamada, un mensaje importante, consultar una dirección—, pero evitar las redes sociales y el entretenimiento automático.
Al principio puede resultar raro.
Probablemente habrá momentos en los que tu mano vaya sola hacia el teléfono.
Y ahí está precisamente el aprendizaje.
No tienes que luchar contra ello. Simplemente puedes darte cuenta y pensar: “Ah, mira, iba a cogerlo automáticamente”.
Lo dejas otra vez.
Con el tiempo, esa necesidad empieza a perder fuerza.
Crea una rutina de noche sin móvil
Si tuviera que elegir un único momento del día para empezar a desconectar, probablemente elegiría la noche.
¿Por qué?
Porque es muy fácil que el móvil se coma el tiempo que debería ser para descansar.
Llegas cansada, te metes en la cama y empiezas a mirar cosas. Cuando quieres darte cuenta, es bastante más tarde de lo que pensabas.
Puedes crear una pequeña rutina de noche sin pantalla.
No hace falta que sea digna de Pinterest.
Quizá simplemente sea recoger la cocina, preparar la ropa del día siguiente, darte una ducha, ponerte crema, leer diez páginas y acostarte.
Lo importante es que el teléfono no sea la última cosa que ves antes de dormir.
Si utilizas el móvil como despertador, un reloj despertador sencillo puede ser una compra pequeña pero bastante útil. No necesitas nada sofisticado: simplemente algo que te permita dejar el teléfono fuera de la mesita.
Y si tienes el hábito de quedarte dormida viendo vídeos, prueba a sustituirlos por música, un podcast tranquilo o unas páginas de un libro.
Puede que las primeras noches te parezca extraño.
Es normal.
Has acostumbrado a tu cerebro a tener entretenimiento hasta el último minuto.
👉 Te dejo un articulo que te puede interesar: Mindfulness para dormir
Haz que tu casa sea un lugar donde te apetezca estar
Esto tiene mucho que ver con el estilo de vida que queremos construir.
Si queremos pasar más tiempo lejos del móvil, nuestro entorno también puede ayudarnos.
No hace falta redecorar la casa.
Piensa en un rincón que puedas convertir en tu pequeño lugar para estar contigo.
Una butaca, una esquina del sofá, la mesa de la cocina o incluso la cama.
Puedes dejar allí un libro, una libreta, unas gafas, una manta o aquello que te guste utilizar.
Cuando todo está a mano, es mucho más sencillo sustituir el móvil por otra actividad.
Y hay algo curioso: muchas veces no necesitamos más tiempo.
Necesitamos que ese tiempo esté disponible para algo que realmente nos guste.
👉 Te dejo un articulo que te puede interesar: 12 cosas que hacen que tu casa sea más acogedora
No intentes desconectar del móvil de golpe
Este es uno de los errores más habituales.
Nos damos cuenta de que utilizamos demasiado el móvil, nos enfadamos con nosotras mismas y decidimos hacer una transformación radical.
“Desde mañana no miro Instagram.”
“Voy a dejar el móvil dos horas antes de dormir.”
“No voy a utilizarlo por las mañanas.”
Puede funcionar unos días.
Pero si el cambio es demasiado grande, es fácil terminar abandonándolo y volver al punto de partida.
Mucho mejor pensar en términos de hábitos pequeños.
Esta semana puedes probar una cosa.
La siguiente, añadir otra.
Quizá primero dejas el móvil fuera del dormitorio. Después empiezas a desayunar sin pantalla. Más adelante decides tener una tarde sin redes sociales.
No se trata de utilizar el teléfono perfectamente.
Se trata de que vuelva a ser una herramienta que utilizas tú, y no algo que decide constantemente dónde va tu atención.
¿Y si realmente necesito el móvil para todo?
Es posible que estés pensando: “Todo esto está muy bien, pero yo necesito mi teléfono”.
Claro.
La mayoría lo necesitamos.
Tenemos WhatsApp, trabajo, familia, bancos, mapas, citas, compras y mil cosas más.
Desconectar no significa desaparecer.
Significa poner una diferencia entre utilizar el móvil porque lo necesitas y utilizarlo porque no sabes qué hacer durante cinco minutos.
Puedes seguir contestando mensajes.
Puedes consultar el correo.
Puedes utilizar Google Maps.
Puedes hacer fotografías.
Puedes entrar en redes sociales.
Pero intenta que esas acciones sean decisiones y no movimientos automáticos.
Parece una diferencia pequeña, pero cambia mucho la relación que tienes con el teléfono.
Una pequeña prueba para esta semana
Si quieres empezar hoy mismo, te propongo algo muy sencillo.
Durante los próximos siete días, elige un momento concreto del día para estar sin móvil.
Solo uno.
Puede ser el desayuno, la comida, la última media hora antes de dormir o ese rato de la tarde en el que normalmente acabas haciendo scroll.
Durante ese tiempo, deja el teléfono en otra habitación y prepara algo que te apetezca hacer.
Un café.
Un libro.
Una ducha larga.
Un paseo.
Una libreta.
Una serie que realmente quieras ver, pero sin mirar el teléfono al mismo tiempo.
Y observa qué ocurre.
Quizá los primeros días te aburras.
Quizá descubras que tienes muchísimo más tiempo del que pensabas.
Quizá te des cuenta de que llevabas semanas sin sentarte tranquilamente a leer.
O quizá simplemente disfrutes de veinte minutos en los que nadie te pide nada.
Y eso ya es bastante.
Porque pasar más tiempo contigo misma no significa hacer más cosas.
A veces significa quitar una cosa.
Quitar el móvil de la mesa.
Quitar las notificaciones.
Quitar ese gesto automático de desbloquear la pantalla.
Y dejar un pequeño espacio para que aparezca algo que no estaba previsto.
Una conversación contigo misma, una idea, una lectura, un paseo, un café tranquilo o simplemente un rato en el que no tienes que estar pendiente de nada.
No necesitas convertirte en una mujer que vive sin tecnología.
Solo necesitas conseguir que, de vez en cuando, tu día vuelva a tener momentos que no pertenecen a una pantalla. 🤍
Y probablemente descubrirás algo bastante interesante: cuando dejas de mirar tanto el móvil, no es que tengas más horas en el día; es que empiezas a sentir que algunas de esas horas vuelven a ser tuyas.
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